Combatir el fraude en la era digital, un desafío para los CFO

Autor: José Luis Becerra Pozas
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El papel de los de directores financieros (CFO) está evolucionando de su posición tradicional. En un principio, sólo eran encargados de la contabilidad y de los temas financieros de las compañías que representaban, ahora son socios estratégicos que también fungen como asesores del CEO, ya que navegan por un panorama con mayor –y creciente– porcentaje de pasivos digitales.

Uno de los principales temas en la mente de la mayoría de los directores financieros es la ciberseguridad. En ese sentido, se espera que los CFO de hoy asuman importantes roles en cuanto a la evaluación de riesgos, así como en el desarrollo de medidas preventivas que preserven y protejan la fuente de ingresos de las empresas.

Para los CFO que trabajan en organizaciones con un canal de comercio electrónico, esta preocupación es centro y delantera. Con un ecommerce representando más del 8.1% de ventas al por menor, los líderes financieros deben enfocarse en reducir la complejidad y mitigar los riesgos crecientes por fraude electrónico, al tiempo que siguen impulsando los ingresos.

En ese sentido, y de acuerdo con un estudio de la Asociación de Internet.mx (antes AMIPCI), de 2014 a 2015 el comercio electrónico creció 59% en México, lo cual equivale a 257 mil millones de pesos. Asimismo, ProMéxico espera que para el año 2020, el número de negocios operando en este esquema represente el 20% del total de las empresas que participan en el comercio convencional.

Entendiendo el verdadero costo del fraude

Los CFO necesitan conocer el impacto que el fraude en línea podría ocasionar a las finanzas de sus compañías. Por ejemplo, los comerciantes con canales digitales ya están perdiendo el 7.6% de sus ingresos anuales por dicho fenómeno.

Los riesgos son especialmente graves para las empresas de comercio electrónico que constantemente lidian con transacciones fraudulentas en ventas sin presencia de tarjeta de crédito (CNP, por sus siglas en inglés).

Los comerciantes que se enfocan exclusivamente en productos digitales (boletos, descargas y tarjetas de regalo) están sufriendo las peores repercusiones, ya que pierden en promedio 8.6% de sus ingresos. Los comerciantes híbridos, es decir, aquellos que venden bienes físicos y digitales se enfrentan a pérdidas similares (8.1% de sus ingresos).

Fraude de impacto oculto

En sintonía con el impacto directo a las finanzas de una empresa, los CFO también deben considerar el impacto oculto del fraude debido a falsos positivos, que ocurren cuando los controles anti-fraude son demasiado sensibles y bloquean las transacciones buenas de los compradores.

Se cree que, en promedio, el 30% de todas las operaciones que se declinan por sospecha de fraude, son legítimas. Una vez más, los comerciantes de bienes digitales enfrentan la peor situación, ya que el 34% de sus transacciones declinadas, han sido legítimas. Esto se traduce en un 2.8% de los ingresos perdidos debido a falsos positivos.

El reto para el 2017: escalabilidad

Actualmente, las empresas están bajo presión, ya que deben establecer capacidades eficientes y amigables para el cliente en línea; y hacer frente a la intensa competencia de los gigantes digitales. Sin embargo, los recursos que se deben asignar a la construcción, gestión y mantenimiento de soluciones de fraude interno pueden obstaculizar y limitar la capacidad de los comerciantes para escalar sus negocios o adaptarse a un panorama cambiante de riesgo a través del tiempo.

Estas incapacidades también pueden dañar o agregar fricción a la experiencia del cliente, afectando los ingresos de manera que inicialmente pueden ser difíciles de detectar y corregir.

Independientemente del camino que elijan para equilibrar las inversiones en la gestión de fraude, los CFO se enfrentarán a una elección clara: ¿entrar en el negocio de la lucha contra el fraude –que creará un creciente costo operacional– o subcontratar y centrarse en las competencias básicas y el crecimiento de su negocio?

Colaboración de Vesta Corporation.

 

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