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El regreso a las aulas era inevitable: la forma no, ¿cómo pueden la TI ayudar a las escuelas?

Redacción CIO México

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Este 30 de agosto, los estudiantes en México tendrán la opción de regresar a las clases presenciales. Sin embargo, existen un conjunto de medidas y políticas públicas que se debieron establecer para construir las condiciones óptimas que garanticen un retorno a las aulas con la menor cantidad de contagios.

Me comenta un amigo que, al decir esto, es como si estuviera rechazando la orden del Presidente, porque en otros países ya están los niños en las aulas. En efecto, sólo que en esos países (Inglaterra, Alemania, Australia), lo mínimo es que a los infantes les tomen una prueba COVID-19 cada semana, cuyos resultados se notifican a la escuela y, si algún alumno resulta infectado, proceden a no llevarlo a la escuela.

Otras acciones, como el monitoreo de las zonas de infección y de las personas infectadas para localizar sus contactos y el nivel de contagio, son medidas que permiten garantizar el aislamiento del virus, el uso eficaz de cuarentenas y evitar el encierro social.

Esto no ocurre en México. Un artículo reciente de Martínez Valle y Marie-Knaul publicado en The Conversation, demuestra los errores en políticas públicas que han ocurrido en nuestro país, básicamente: la falta de coordinación de medidas básicas, como la mascarilla obligatoria, las pruebas, el aislamiento por barrios, etc. Por ello es que me preocupa la falta de previsión para implementar una decisión de esta magnitud.

A pesar de ello, no podemos quedarnos cruzados de brazos. Existen algunas alternativas tecnológicas que el sector público y/o privado puede utilizar. Aquí le comparto tres ideas que podrían ayudar a alguna escuela o institución educativa.

La primera es el Pasaporte COVID-19. En Estonia se le conoce como el “certificado verde”. Se trata de un certificado digital que puede leerse con un simple código QR y determinar si la persona está vacunada, sana o se recuperó del virus. Tiene la gran virtud de que se actualiza instantáneamente, ya que la información está en línea, no puede alterarse por terceros y los costos son muy bajos.

Además, para garantizar la privacidad de los datos de los ciudadanos, la fuente proviene de dos organismos: el primero es el Ministerio de Asuntos Sociales –lo que sería la Secretaría de Desarrollo Social para México– el segundo, es una empresa privada llamada Vaccine Guard (Guardia Vacuna). El primero registra, resguarda los datos de los ciudadanos, mientras que el segundo solamente recoge y extrae los datos para presentarlos en cualquier pantalla cuando se los piden. No hay pérdida de datos, tampoco datos privados de salud en manos de particulares. Vaccine Guard sólo es la “puerta” del código QR, los datos están alojados en los servidores del gobierno.

Una segunda tecnología es Fever Free (Libre de Fiebre) utilizada en muchas escuelas de Estados Unidos, y proviene de una empresa privada que la ha desarrollado. No es otra cosa que un cuestionario en una app para el teléfono celular que recoge diariamente los datos de los niños para enviarlos a la escuela. La aplicación analiza los datos y, de acuerdo con un cuestionario, si se detecta alguna irregularidad o discrepancia, la aplicación móvil emite una alerta a la escuela, para detener el acceso del niño hasta hablar con sus padres.

Por último, no debo dejar de mencionar a BlueDot, la primera empresa en identificar una neumonía que no tenía diagnóstico en Wuhan, China, en el 2019, el lugar donde empezó el COVID-19. Esta empresa utiliza Inteligencia Artificial para analizar datos y detectar y predecir por zonas si hay riesgo de brote epidémico. Es famosa porque ha identificado diversos virus en África (2014) y el virus Zika (2016). ¿Por qué no aprovechar la experiencia de BlueDot y usar su tecnología para detectar potenciales brotes en ciudades, barrios, zonas residenciales para aislarlos e impedir que expandan el contagio?

Muchas de estas tecnologías debieron utilizarse hace meses, pero nunca es tarde para retomarlas, mucho menos ahora que la salud de nuestros hijos está en juego. Creo que vale la pena discutir estas alternativas y otras más que existen en el mundo. ¿Usted, que opina? Seguiré con el tema.

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El autor de la columna “Tecnogob”, Rodrigo Sandoval Almazán, es Profesor de Tiempo Completo SNI Nivel 2 de la Universidad Autónoma del Estado de México. Lo puede contactar en rsandovuaem@gmail.com y en la cuenta de Twitter @horus72.

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