¿Estamos preparados para el “I’ll be back, baby”?

Autor: Sandra Plata
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Es 2019, ¿Sabemos dónde está Skynet? Ese sistema que tomará el mando, dejando de lado a los humanos. Sabemos que Skynet no se toma las cosas a la ligera: por eso envió a uno de sus cyborgs a nuestro muy analógico 1984, que nos dijo: “Volveré” (I’ll be back, baby).

Y lo hizo (al menos en las pantallas de los cines). En la realidad el contexto es un poco distinto: la Inteligencia Artificial todavía está lejos de crear un sofisticado robot de metal líquido modificado capaz de autoduplicarse, aunque el regreso de Terminator sin duda abre, nuevamente, un espacio de discusión de qué es la Inteligencia Artificial, cuáles son los límites y alcances; ¿realmente 2029 es una fecha en que las máquinas puedan dominar el mundo?

Lo cierto es que la Inteligencia Artificial es un tema que despierta tanto fascinación como curiosidad, cada vez tiene más aplicaciones, y surgen preguntas sobre cuál es el mejor camino para implementarlas. En este contexto este año tuvimos la oportunidad de escuchar a dos expertos con posturas divergentes en la segunda edición de Versus: Sebastian Thurn y Nick Bostrom, ambos pioneros en el estudio y aplicación de esta tecnología.

Para Sebastián Thrun, pionero de la tecnología autónoma utilizada para la creación de vehículos que se manejan solos, la Inteligencia Artificial es una forma más de potenciar las habilidades de los seres humanos, tal y como lo han hecho todas las tecnologías previas: desde la rueda hasta la invención del teléfono.

Uno de los sectores más beneficiados en su aplicación ha sido en salud, específicamente en las radiologías de cáncer de mama, con algoritmos desarrollados a partir de información de hasta ocho millones de estudios, una suma de conocimiento que sería imposible para una sola persona.

Sin embargo, la suma de toda la información que tienen miles de expertos en su ramo, que a lo largo de su vida han visto miles de radiografías y miles de diagnósticos de cáncer de mama en sus distintas formas, son quienes permitieron una correcta programación, con un impacto en beneficio de miles de vidas.

Para los próximos años, se prevé un mayor uso de la Inteligencia Artificial en sectores que ya la han adoptado como en manufactura, logística, salud, así como en aquellos segmentos que nacieron digitales, como el comercio electrónico, además de la adopción por nuevos sectores industriales, dado que ya se cuenta con un gran poder de cómputo en infraestructuras de Centros de Datos que permiten tener más vías de conectividad y procesar grandes cantidades de datos para correlacionar y avanzar en aplicaciones más específicas; desarrollando, afinando y entrenando nuevos modelos.

La expectativa es que en la medida en que los países aprovechen esta nueva tecnología y la integren a diversos sectores tanto público y privado, tendremos beneficios como diagnósticos médicos masivos y certeros, menos fricciones en temas de atención ciudadana o soluciones de movilidad. 

Quizá la principal inquietud es determinar el rumbo exacto de la Inteligencia Artificial, la cual -como todas las inteligencias- toma rumbos independientes de los inicialmente planteados, porque una vez resuelto el primer reto, con los datos disponibles, se abren nuevos desafíos, nuevas soluciones, nuevas alternativas que no era posible contemplar desde un principio.

Será necesaria la inteligencia humana para poder dar sentido a los datos y programación, anteponiendo la ética y el bienestar social, tal como lo ha señalado el filósofo sueco y profesor de Oxford, Nick Bostrom. Aún en el mundo de Terminator, la gran esperanza siempre es a favor de la humanidad y por eso, he’s back, baby.

Por Erika Domínguez, Directora de Planeación Estratégica y Comunicación Corporativa de KIO Networks

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