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Inclusión financiera: ¿“remedio” para la pandemia económica provocada por el coronavirus?

Redacción CIO México

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La coyuntura que transitamos brinda una oportunidad para potenciar los medios electrónicos de pago y desalentar consecuentemente el uso del efectivo, situaciones que para ser viables requieren de acelerar el proceso de democratización de inclusión financiera.

La situación de emergencia sanitaria ha impulsado aún más el uso de plataformas de economía digital. El gasto en el canal electrónico se triplicó en Latinoamérica, destacando significativamente para México, Argentina y Colombia. 

El comercio a través de esas plataformas crecerá más que el comercio tradicional minorista el próximo año, ya que nuevos consumidores digitales experimentaron la modalidad y los ya establecidos han incrementado su uso durante la cuarentena, pronostica Melisa Murialdo, analista de la empresa latinoamericana online de servicios financieros el Mejor Trato.

Es así que, a pesar del apego al efectivo en mano, la contingencia está modificando los hábitos de compra y pagos de los compradores, quienes prefieren usar menos billetes y están optando por los pagos digitales.

“El uso de los medios digitales en México ya no es y ni podría ser el mismo”, señala la analista.

Agrega que, si se evalúa la forma de responder activamente a los nuevos retos que impone la economía digital, será necesario mejorar la logística, asegurar la bioseguridad mediante envíos gratis, aumentar la mano de obra esencial para evitar retrasos y aprovechar la ventaja regulatoria en materia de inclusión financiera.

“Sin dejar de lado complementos analógicos para disminuir los riesgos y maximizar los beneficios, la pandemia podría aumentar el comercio electrónico hasta llegar a picos nunca antes imaginados e incorporar el uso de medios de pago diferentes al dinero físico como un hábito de consumo en la sociedad y consecuentemente la necesidad de bancarizarlos”, afirma Murialdo.

La analista advierte que si los bancos saben aprovechar la oportunidad que les acerca hoy el comercio electrónico incrementarán la cantidad de personas que se encuentran agregadas al sistema financiero, ya que ofrecer la mayoría de los bienes y servicios por los canales tecnológicos es vital en un momento de distanciamiento social.

Para que puedan “competir” con el efectivo, las formas de pago electrónicas deben ser no sólo seguras para evitar los fraudes informáticos sino también accesibles a toda la población, rápidas y sencillas sin trámites burocráticos engorrosos que hacen un círculo interminable de contraseñas y verificaciones que paradójicamente terminan dando la sensación de haber expuesto toda tu privacidad y desalientan el proceso de digitalización de la población.

Sin educación ni creación de fuentes laborales, la ampliación del proceso de bancarización de la población se torna insuficiente, advierte la analista.

¿Cuál es la situación en el país?

En México, de acuerdo a los resultados obtenidos en la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF), el efectivo sigue siendo la opción de pago más usada para compras habituales entre los casi 130 millones de habitantes del país: en la encuesta el 95% de los mexicanos dijeron haberlo usado para pagar compras de 500 pesos o menos, mientras que el 87% reconoció haberlo empleado para pagar compras de más de 500 pesos.

La enfermedad del COVID-19 puso de manifiesto la importancia de democratizar el proceso de inclusión financiera para que todos los mexicanos puedan acceder a servicios financieros de la manera más sencilla posible. Colombia, Perú, Uruguay y México encabezan la clasificación global de entorno propicio para la inclusión financiera, según The Economist Intelligence Unit.

Menos de la mitad de los mexicanos tiene una cuenta bancaria (47% de acuerdo a la última ENIF). Según Minsait, México tiene el nivel de bancarización más bajo de toda Latinoamérica.

Ahora bien, cuando se incluye toda la gama de productos financieros (cuentas, créditos, seguros o ahorro para el retiro), el porcentaje de la población mayor de 18 años que cuenta con al menos uno es de 68%.  

En el país, el uso de la tarjeta de débito triplica a la de crédito. Entre los principales productos de ahorro o captación (cuentas): 52% son de nómina, 36% de ahorro, 17% de gobierno, 9% pensión, 3% cheques, 2% plazo y apenas 1% inversión.

El análisis realizado por Murialdo enumera que el país tiene desafíos que superar como la disminución de la pobreza; la reducción de la brecha financiera regional; la ampliación del uso de la banca digital en áreas no urbanas y la creación de una estructura de ciberseguridad avanzada (ver gráfica).

Es así que pesar del crecimiento global del uso de medios de pago distintos al efectivo, México, que es la segunda economía más importante de América Latina, se encuentra atrasado en su capacidad de adopción de nuevas tecnologías.

Murialdo concluye que las políticas de inclusión financiera son eficaces cuando se complementan con políticas sociales de empleo y fiscales. Ya que de lo contrario, “los indicadores pueden subir en el corto plazo y mostrar resultados engañosos al hacerse insostenibles en el tiempo”.

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