Inicia tu año con agilidad

Autor: Yessika Lozada Contreras
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Estamos iniciando el año y es momento de nuevos propósitos. En esta época nos llenamos de energía y nos sentimos motivados y queremos al máximo aprovechar este año. Tenemos 365 oportunidades frente a nosotros.

Un muy buen propósito es ser más ágil, no sólo como individuos, sino como equipos de trabajo y, por qué no, como organizaciones.

Lejos de ser una moda, la agilidad es la respuesta a un entorno cambiante y cada día deja de ser “otra opción” para situarse dentro de la estrategia de muchas empresas que quieren tener: la capacidad de responder rápidamente a retos y oportunidades, y adquirir una capacidad de reinventarse, ser flexibles.

La agilidad es una habilidad de alguien o algo que es capaz de moverse con facilidad y rapidez. Hoy debemos considerar a la agilidad como una forma pensar, una actitud, una cultura.

El Manifiesto Ágil –redactado en 2001 desde el punto del desarrollo de software– es adaptable a cualquier otra industria, porque la agilidad busca entregas rápidas de productos y su beneficio es aplicable a cualquier tipo de organización, siendo esto mucho más  visible en empresas de servicios donde es elemental la entrega de valor de forma inmediata. En el Manifiesto Ágil encontramos cuatro valores fundamentales:

  1. Individuos e interacciones.
  2. Entregar software, como un “producto” que funciona.
  3. Colaboración con el cliente.
  4. Respuesta al cambio.

La agilidad se basa en el empirismo, teoría filosófica que destaca que el conocimiento procede de la experiencia, es decir, la toma de decisiones debe tener su fundamento en lo que se conoce, y sus pilares son la transparencia, la inspección y la adaptación.

  • Transparencia: es una propiedad de los objetos que dejan pasar fácilmente la luz. En este sentido, contar con un entendimiento común, una visión clara y objetiva es fundamental para la agilidad. Dicen que “cualquier camino es bueno cuando no sabes a dónde ir”, pero si tienes bien clara la meta, asegurarse que estamos en el camino y con paso firme será la forma de obtener los resultados esperados.
  • Inspección: es una actividad  de revisión, y con revisiones frecuentes tendremos una retroalimentación expedita que nos permitirá conocer posibles desvíos de nuestro objetivo.
  • Adaptación: es una capacidad de cambio, lo cual nos permite realizar ajustes necesarios que, junto con la transparencia y la inspección, agilizará la toma de decisiones.

Los enemigos de la agilidad

El concepto de la agilidad es fácil de entender, pero difícil de implementar porque rompe muchos paradigmas y necesita generar hábitos. La teoría suena fácil; los rituales, alcanzables, pero un cambio de mentalidad es arduo en la práctica y como cualquier otro hábito, se requiere paciencia aun con los medios adecuados, sobre todo cuando existen múltiples enemigos que ponen en riesgo nuestro cambio, por lo que conviene conocerlos y reconocerlos a fin de estar preparados. La agilidad no es la meta; es la forma como vemos el camino.

Creo que uno de los más grandes enemigos de la agilidad es la desilusión. Al comienzo se tienen grandes expectativas, no sólo del equipo sino de la organización. Conviene recordar que no existen recetas mágicas, y que sólo con la práctica constante podremos lograr nuestras metas.

Es común que esperemos grandes resultados, productos perfectos, equipos cohesionados, y sólo veamos algunos pequeños avances al inicio.

Otro enemigo común es malinterpretar la agilidad, simplificarla. En pocos días, la autonomía de los equipos puede tornarse en anarquía, se pueden los procesos y mecanismos formales.

Si bien la agilidad reconoce algunos valores, no desconoce los procesos formales y es posible –y a veces necesario– convivir con estos.

La cercanía con el cliente es indispensable para esta práctica, no sólo en cantidad sino en calidad por lo que la falta de involucramiento, o peor aún, el desconocimiento del negocio, de la necesidad y objetivos, en algunos clientes es un verdadero peligro, pues la aplicación de la agilidad puede resultar desastrosa, opacando cualquier otro logro.  

Ser ágil significa identificar rápidamente que algo no está funcionando y tomar decisiones que promuevan enderezar el camino, eliminar prejuicios y estar atento.

No hay mejor momento para el cambio que ahora, los beneficios llegarán, tal vez no de la noche a la mañana, pero con la práctica, y un verdadero cambio de mentalidad que genere un ambiente propicio se presentarán, siendo mucho más eficaces en lo que nos propongamos.

Si estamos seguros en todo momento que estamos en el camino y la meta adecuada, estrecharemos como nunca las desviaciones que nos acercan a nuestro el objetivo.

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